ACABAR CON LA POBREZA


A veces, las noticias nos traen imágenes de otros países donde la gente vive en chabolas, no hay teléfono, agua ni luz, además además, ni tan siquiera tienen para comer todos los días. Después nos sacan las imágenes de diferentes ONGs llevándoles comida o medicamentos con una actitud paternalista, que intentan sensibilizarnos y ganar alguna pequeña colaboración nuestra. También se hacen cumbres internacionales donde se aborda el problema de la pobreza y se marcan diferentes objetivos para tratar de reducirla.
La pobreza se concibe como la situación que afecta las personas que no tienen lo que es necesario para el apoyo de sus vidas, es decir, que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. No tienen influencia política, educación, servicios de atención de la salud, vivienda adecuada, seguridad personal, ingresos regulares y comida suficiente. Implica así no tener la oportunidad de vivir una vida larga, sana, creativa y disfrutar de libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los otros.
Sus causas son múltiples, entre ellas se encuentran los problemas políticos, la crisis de los mercados financieros, los intereses de los países más desarrollados, los desastres naturales, la gestión inadecuada del medio ambiente, la utilización incorrecta de los recursos naturales por parte del hombre, incluso una cultura tradicionalista resistente al cambio. También se dice que en estos países menos desarrollados hay estructuras económicas que impiden el progreso y perpetúan actitudes empobrecedoras.
Lo cierto es que la solución práctica a la pobreza no descansa con ocupadores paternalistas, sindicatos victoriosos, financiación del gobierno, redistribución de la tierra, tecnología superavanzada, educación universal, elecciones democráticas supervisadas por la Organización de Naciones Unidas, políticos populistas, la condonación de la deuda, donaciones del Banco Mundial, ni con congresos internacionales. No tiene nada que ver con sensibilidad ni con generosidad. Ni con la lucha de algunas personas por cualquier cosa.
Si es posible o no encontrar solución al problema de la pobreza, es una cuestión muy fácil de abordar y sobre la que no hace falta escribir muchas líneas porque la respuesta es inminente y muy sencilla. Si usted, igual que yo o su vecino, soñamos tener una casa más grande, en la playa o en el campo, o que nos toque la lotería para dejar de trabajar o simplemente vivir más holgadamente, o en su casa cada uno tiene su propio coche o simplificando, su propio teléfono móvil, y es más, si tenemos preferencias culinarias, posiblemente aspiramos a más del que realmente nos toca.
Para que no se sienta tan culpable, le diré que mientras los ricos no sean capaces de renunciar a sus riquezas para conformarse con una forma de vida media, los pobres continuarán siendo pobres. Como es obvio que una persona acostumbrada a sus paseos en yate, a tener chófer, vivir en palacios, comer ostras y percebes, etc. difícilmente renunciará a esta forma de vida, no podrá atajarse el problema de la pobreza, porque evidentemente, la porción de derechos vitales de esa minoría menos afortunada ha sido usurpada por los otros.
Todas las otras opiniones, convenciones mundiales, labores políticas y acciones de las ONGs son un redundar sin sentido y una consiguiente pérdida de tiempo.