EL JUEGO DE LA VIDA

Escribir sobre el aborto puede resultar un tema muy polémico y difícil de condensar en pocas líneas, pero considero que la sexualidad no es un juego de niños, por mucho que de alguna manera esta sociedad parezca promover unas relaciones prematuras y eventuales. Pienso que la sexualidad exige madurez y responsabilidad y por tanto el aborto no es necesario cuando la sexualidad se lleva a cabo buscando el placer de manera responsable o bien con intención de tener hijos.
Pero por mucho que nos podamos oponer, la atracción o el deseo sexual siempre podrá más que la moral y se llevará a cabo muy por encima y más allá de toda represión religiosa y no siempre de manera responsable, como es en el caso de los adolescentes, pero buena parte de estos errores, tienen como base una mala educación en esta materia, en gran parte por los padres, pero también por la influencia de la televisión o la falta de una asignatura en la que se traten estas cuestiones.
No podemos olvidar que la sexualidad es una parte muy importante en la naturaleza humana considerando toda su dimensión, hasta el punto que a nivel físico, los cambios de la pubertad determinan la madurez del individuo y después el componente sexual también influirá mucho en la relación con otras personas.
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ACABAR CON LA POBREZA


A veces, las noticias nos traen imágenes de otros países donde la gente vive en chabolas, no hay teléfono, agua ni luz, además además, ni tan siquiera tienen para comer todos los días. Después nos sacan las imágenes de diferentes ONGs llevándoles comida o medicamentos con una actitud paternalista, que intentan sensibilizarnos y ganar alguna pequeña colaboración nuestra. También se hacen cumbres internacionales donde se aborda el problema de la pobreza y se marcan diferentes objetivos para tratar de reducirla.
La pobreza se concibe como la situación que afecta las personas que no tienen lo que es necesario para el apoyo de sus vidas, es decir, que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. No tienen influencia política, educación, servicios de atención de la salud, vivienda adecuada, seguridad personal, ingresos regulares y comida suficiente. Implica así no tener la oportunidad de vivir una vida larga, sana, creativa y disfrutar de libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los otros.
Sus causas son múltiples, entre ellas se encuentran los problemas políticos, la crisis de los mercados financieros, los intereses de los países más desarrollados, los desastres naturales, la gestión inadecuada del medio ambiente, la utilización incorrecta de los recursos naturales por parte del hombre, incluso una cultura tradicionalista resistente al cambio. También se dice que en estos países menos desarrollados hay estructuras económicas que impiden el progreso y perpetúan actitudes empobrecedoras.
Lo cierto es que la solución práctica a la pobreza no descansa con ocupadores paternalistas, sindicatos victoriosos, financiación del gobierno, redistribución de la tierra, tecnología superavanzada, educación universal, elecciones democráticas supervisadas por la Organización de Naciones Unidas, políticos populistas, la condonación de la deuda, donaciones del Banco Mundial, ni con congresos internacionales. No tiene nada que ver con sensibilidad ni con generosidad. Ni con la lucha de algunas personas por cualquier cosa.
Si es posible o no encontrar solución al problema de la pobreza, es una cuestión muy fácil de abordar y sobre la que no hace falta escribir muchas líneas porque la respuesta es inminente y muy sencilla. Si usted, igual que yo o su vecino, soñamos tener una casa más grande, en la playa o en el campo, o que nos toque la lotería para dejar de trabajar o simplemente vivir más holgadamente, o en su casa cada uno tiene su propio coche o simplificando, su propio teléfono móvil, y es más, si tenemos preferencias culinarias, posiblemente aspiramos a más del que realmente nos toca.
Para que no se sienta tan culpable, le diré que mientras los ricos no sean capaces de renunciar a sus riquezas para conformarse con una forma de vida media, los pobres continuarán siendo pobres. Como es obvio que una persona acostumbrada a sus paseos en yate, a tener chófer, vivir en palacios, comer ostras y percebes, etc. difícilmente renunciará a esta forma de vida, no podrá atajarse el problema de la pobreza, porque evidentemente, la porción de derechos vitales de esa minoría menos afortunada ha sido usurpada por los otros.
Todas las otras opiniones, convenciones mundiales, labores políticas y acciones de las ONGs son un redundar sin sentido y una consiguiente pérdida de tiempo.
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LA TIERRA PROMETIDA


Cada vez resulta más común, o incluso es ya habitual encontrarnos con inmigrantes por la calle, en el trabajo, en el médico, en la escuela. A menudo oigo a la gente hablar diciendo que los inmigrantes nos quitan el trabajo, que a ellos les dan más cobertura sanitaria, prestaciones y ayudas que a nosotros, que llevamos años cotizando. Curiosamente después acaban diciendo que ellos no son racistas, pero la misma sociedad les lleva a serlo.
Quizá entre todos hemos ido contribuyendo a crear nuestro estado de bienestar y nos incomoda que vengan de fuera a quitarnos lo que nosotros consideramos que nos hemos ganado, pero lo cierto es que nunca tenemos en consideración a costa de quien se ha ido creando todo este estado de bienestar. Quizá quepa recordar que en tiempo de conquista, fuimos a otras tierras en las que nos apoderamos de cuanto pudiese tener valor, incluso mano de obra esclavizada, incluso les quitamos su propia cultura para imponerlos la nuestra. Después también había gente extranjera que vivía por estas tierras y los expulsamos por no compartir nuestra religión o por sus orígenes, desposeyéndolos de cuanto tenían y habían creado. También los países desarrollados utilizan la mano de obra barata de los menos desarrollados para abaratar los costes y sacar más beneficios. Quizá resulte lógico pensar que de alguna manera ellos vuelven a recuperar aquello de lo que les hemos ido desposeyendo a lo largo de la historia, pero quizá eso formará parte de los desconocidos mecanismos del universo.
Tal vez resulte necesario hacernos ver que vivimos tan bien, que incluso llevamos a los perros a la peluquería y ellos tienen mejor cobertura sanitaria y comida que muchas personas en el mundo; que nosotros podemos permitirnos tener vicios, o enfermedades como la obesidad, la anorexia y bulimia o incluso depresiones, cosa que en países donde realmente sufren calamidades no conocen estas cosas. Pero ahora bien, para conocer la verdadera dimensión del fenómeno migratorio de las personas, deberíamos intentar ponernos en su lugar: ¿Qué haríamos nosotros si no tuviésemos para comer, para beber, donde dormir, la sequía asolase nuestras tierras, además de las enfermedades?. ¿Seríamos capaces de dejar todo lo que hemos conocido, incluso a la familia con la incierta esperanza de encontrar una cosa mejor?. ¿Tendríamos valor para hipotecar lo poco que poseemos, dispuestos incluso a arriesgar la vida para ir a tierras desconocidas?. Y si llegaremos a otro lugar en la que la gente vive tan bien, que incluso se permite dejarse comida en el plato de un restaurante, ¿Cómo nos sentiríamos nuevamente si nos dejasen tirados en la calle como un perro?. ¿No querríamos por lo menos tener lo básico para poder vivir, a pesar de que fuera por una corta temporada?.
Una cosa es cierta: nosotros debemos agradecer haber nacido aquí y valorar todas las oportunidades que hemos tenido: a pesar de que ahora la situación esté en crisis, la mayoría de los inmigrantes no conocen otra cosa. Ellos siempre han estado en crisis, y seguro que mucho peor que la nuestra. Nosotros hasta ahora hemos tenido muchas oportunidades, como decidir si estudiar o trabajar, o elegir qué nos apetece más comprar en el supermercado, elegir a nuestra pareja o nuestra casa, incluso si tener hijos ahora o más adelante.
Debemos dejar de lado nuestros prejuicios y egoísmos y ser un poco más solidarios con los más necesitados.
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FELIZ CUMPLEAÑOS

¿Porqué la gente pone velas en una tarta de cumpleaños? ¿Porqué se hacen regalos en estas celebraciones? Seguramente todos lo hacemos mecánicamente porque lo hacen los demás, porque se ha convertido en una costumbre o tradición. Ni nos imaginamos que remontándonos mucho tiempo atrás, estas costumbres nacen de la magia y la religión.
En la antigüedad, según diferentes culturas, la costumbre de felicitar, dar regalos y hacer una fiesta con dulces y velas encendidas, entre otros rituales, tenían el propósito de proteger de los demonios a quien celebraba su cumpleaños y garantizar su seguridad durante el año entrante. Inicialmente, el cristianismo rechazó la celebración de cumpleaños por considerarlo una costumbre pagana. Pero un poco después, al empezar a difundirse la fiesta de la Navidad, como se hizo con otras muchas costumbres paganas para ganar seguidores, los cristianos también empezaron a festejar su propio cumpleaños, uniéndose al de su Salvador. Según una tradición alemana, se ponían en las tartas de cumpleaños el número de velas que correspondían a la cantidad de años del homenajeado y una vela grande que era la “luz de vida o luz de Cristo”. En otras culturas, estas celebraciones eran sólo para la celebración del nacimiento de hijos varones entre la realeza.
Historias a parte, actualmente también tiene rasgos altamente consumistas. Así, celebramos el cumpleaños de los hijos varias veces, por ejemplo reuniendo a gran cantidad de amigos de la escuela en un parque de juegos; se celebra también en casa con amigos y familiares; se celebra también en la escuela junto con quienes cumplen años ese mes... Y sobre todo, abundan los regalos de los invitados para el “cumpleañero”.
Curiosamente, sin estar influido por creencias religiosas o costumbres y también por economía, del mismo modo que evitando el consumismo innecesario, en mi casa no celebramos los cumpleaños como tal, y si alguna vez lo hacemos, aunque sea a la larga por uno o por otro, es sólo como excusa para reunir a la familia, porque en ese momento queremos, podemos y nos apetece. No nos regalamos nada y pedimos también que no se traigan regalos. ¿Pero qué pasa cuando vamos a casa de otras personas que si tienen esa costumbre? Nosotros seguimos sin llevar regalos y en el último cumpleaños al que asistimos, la “cumpleañera” no dudó en preguntarnos por qué no le habíamos traído regalo. Obviamente me quedé de piedra, sin saber qué decir, porque a sus cinco años yo no iba a explicarle toda la parrafada anterior.
¿Hasta qué punto estas costumbres influyen de manera positiva o negativa en nuestros hijos? ¿No estamos promoviendo unos hábitos excesivamente consumistas? ¿Podemos estar fomentando que se valore a las personas según hacen regalos o no?
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